Las cosas son como son

Me hubiera gustado que hoy no hiciera tanto calor. Me habría encantado que llegaras antes y así poder salir a dar un paseo. Habría sido maravilloso que nos hubiéramos conocido antes… y así podemos hacer una lista inmensa de cosas que nos gustarían que hubieran sucedido, pero que no ocurrieron, sino que fueron de otra forma.

Hay quien se pasa la vida lamentándose por lo que pudo ser y no fue, por aquel momento en el que pudo pasar algo que no se dio. Pero como propongo en el titulo: las cosas son como son.

Pero lo curioso del caso es que somos nosotros/as los que le damos atribuciones a esas cosas que suceden. No son ni mejores ni peores: son tal cual.

Para cualquiera la lluvia puede ser una incomodidad porque circulamos más lento con el coche, porque llegamos más tarde, porque nos mojamos al bajarnos. Sin embargo, para un agricultor es una total bendición. La guerra puede ser un desastre para muchos porque destruye poblaciones, cercena familias, mata a miles de personas, pero para los fabricantes de armas es una maravilla porque hacen su negocio. Las crisis, los acontecimientos, lo que ocurre día tras día: son eventos, situaciones o como quiera que las llamemos. Son en sí mismos. Pero somos nosotros los que les damos el valor ¡Claro que la guerra es un maldito desastre! Muy pocas personas podrán hablar bien de un hecho así. Sólo quienes se lucran y benefician los conflictos.

Con este ejemplo quiero expresar que incluso el hecho más terrible, para algunos puede significar algo bueno porque hacen su negocio. Quiero invitar a que despertemos sobre los sucesos del mundo, de la naturaleza y todo lo que ocurre: Son hechos en sí. Nosotros somos los que le damos un valor u otro. Para el volcán de La Palma fue simplemente un acontecimiento de la naturaleza, para quienes perdieron todas sus propiedades, fue, y sigue siendo, un auténtico desastre.

Probablemente estoy poniendo ejemplos muy polarizados, pero la intención es que nos demos cuenta que la peor de las situaciones es… simplemente es. Cada día hay cientos de situaciones que nos ponen de mal humor, que nos quitan la sonrisa, que nos hacen infelices. Pero esas cosas simplemente son. No está en nuestra mano modificarlas. Únicamente podemos decidir como nos afecta. Así que busquemos el lado positivo, que de eso se trata.

La mejor opción es mirar con cierta distancia. Se trata de tomar distancia y tratar de ver ese acontecimiento desde lejos, como si no nos afectara, como si no fuera con nosotros/as. Que llueve: bien. Que hace sol: bien, también. Que no han salido las cosas como esperaba: bien, que salen como quería: perfecto. En ese caso para no amargarnos demasiado, lo ideal es relativizar un poco. Siempre, claro está, que no se trate de situaciones graves: no se puede relativizar cuando tenemos un accidente grave o una enfermedad importante. Ahí estamos mal y con toda la razón del mundo. Pero en los acontecimientos cotidianos, sí que deberíamos concluir en que las cosas son como son y, quizá deberíamos, no darle tanta importancia.

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