Ser felices en el trabajo

Parece que si. Un poco más del 60% de los trabajadores dice sentirse feliz en el trabajo. Lo cual es bueno. Si quisiéramos ponernos negativos pondríamos el énfasis en el 40% que no es feliz en el trabajo, cosa que también es preocupante. Mahou san Miguel elaboró un trabajo para saber qué grado de felicidad tenemos en nuestros trabajos. Los datos invitan al optimismo. Más de la mitad se encuentra satisfecho con su ocupación laboral. Lo cual es bueno.

La felicidad en el trabajo es fundamental

En el trabajo hemos de estar felices. La razón es sencilla: Pasar largas jornadas diarias en un lugar en el que no estamos a gusto, tiene que ser un infierno absoluto, un sufrimiento por el que no deberíamos pasar. Nuestra vida, nuestro bienestar debe estar por encima de cualquier otra circunstancias.

Escuchaba hace unos días un testimonio de un emprendedor que abandonó rápidamente una empresa en cuanto encontró un ambiente hostil. Esta persona trabajaba por su cuenta y hacía encargos a una gran entidad. Tan bueno era su trabajo que deciden hacerle una propuesta para estar en plantilla. Al llegar allí se encontró con la hostilidad de sus compañeros, porque era bien valorado por sus superiores, porque destacaba en su actividad y pronto sus compañeros empezaron a fastidiarle: no le hablaban, no le daban toda la documentación que precisaba. Rápidamente resolvió en dejar la empresa. Aunque volviera a estar trabajando por su cuenta con un sueldo infinitamente menor, pero con su salud a salvo.

Muchas veces nos quedamos trabajando en lugares por el compromiso de mantener a nuestra familia, por las deudas adquiridas, por poder mantener nuestro nivel de vida, por la incertidumbre a lo desconocido. Así nos quedamos en una triste vida, con una existencia mustia, gris, que contagia a nuestra familia, al propio trabajo y a todas aquellas personas con las que nos relacionamos.

Lo mismo puede suceder con un estudiante, con un equipo deportivo, con alguna asociación o colectivo en el que nos encontremos, aunque sea por menor espacio de tiempo. Si no no estamos bien, mejor marcharnos. No siempre tenemos que encajar en todos los lugares, las piezas de un puzzle están indicadas para ocupar su lugar y a veces, nos empeñamos en tratar de colocar una pieza donde no va.

Ciertamente en el mundo laboral, como ya dije, la cuestión es más complicada por las obligaciones que nos retienen para poder pagar nuestras facturas. Sin embargo, ante un ambiente laboral hostil, debiéramos con tranquilidad prepararnos otro plan donde estemos más felices. No se trata de dar un portazo de la noche a la mañana, sino de ir buscando otras posibles salidas. Hablar con personas del sector, para buscar otras empresas que nos puedan dar empleo, seguirnos formado o estudiando para acceder a otra plaza. Pero, obviamente, lo que no debiera ser es que nos quedemos atrapados en una cárcel que nos condena a sufrir cada día durante ocho horas. Tu felicidad y bienestar vale más que todo el dinero que te pueda aportar esa empresa.

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