La felicidad no es un fin, es una consecuencia…

Volvemos al tan traído y llevado tema de la felicidad. Se han dado cientos de definiciones, se trata de buscar en los más recónditos lugares, hay quien dice ser feliz y quien asegura que es absolutamente infeliz. Probablemente sea revelador saber que la felicidad no es una finalidad, no es un estado, no es un lugar de llegada, sino que es la consecuencia de tantas otras cosas en la vida. Entender esto nos puede poner en la senda de la felicidad más profunda. No se trata de decir «como soy feliz, me encuentro bien», no es «cuando llegue a tal lugar o tenga tales cosas, seré feliz», no. Porque soy y porque estoy bien, estoy feliz, porque estoy agradecido/a, porque amo, soy feliz.

Entender que la felicidad no es un punto de llegada, como ya me imagino que sabemos significa un montón de cosas. Principalmente que no tenemos que estar buscando como locos/as el tren que nos lleva a la felicidad, sino que supone disfrutar del momento, vivir el presente, celebrar cada instante, la felicidad está en cada detalle y por eso soy feliz, no porque tenga o haga tales o cuales cosas encontraré la felicidad. No cuando llegue a un determinado lugar o esté de vacaciones o en fin de semana lograré ser feliz, no cuando consiga la pareja ideal, la casa de los sueños, el coche último modelo seré feliz.

Ciertamente algunos de estos momentos nos dan un chute de adrenalina o placer, cuando conseguimos algo que ansiamos ¿A quién no le alegra estrenar un coche nuevo? ¿A quién no le resulta placentero estar de vacaciones? Sin embargo confundimos esos momentos de placer con la felicidad. Y así, andamos como drogadictos buscando continuamente nuestro chute en los placeres del fin de semana, de las vacaciones o esperando llegar a estrenar ese coche, esa casa o esa pareja que parece que nunca llega. La felicidad es, por tanto, una consecuencia de:

Disfrutar del momento presente. Vivir abrumados por lo que ocurrió hace semanas, meses o años, nos quita la felicidad. Preocuparnos por lo que sucederá en el futuro, por cómo será o qué nos deparará, nos quita la felicidad. Si me permiten pongo un ejemplo en primera persona. En septiembre, tras las vacaciones, empiezo en un nuevo lugar de trabajo, dentro de la misma profesión, pero tengo destino en otro lugar. Sinceramente, ni siquiera me he preocupado de buscarlo. Se cómo se llama, pero no tengo la dirección, ni sé como llegar a día de hoy. Seguramente en la últimos días de agosto miraré en algún mapa como llegar y pondré el GPS en el coche para ver dónde está y a lo mejor, si tengo tiempo, iré a verlo ¿Por qué hago esto? Porque trato de vivir el momento presente ¿De qué me sirve preocuparme del lugar de trabajo, cuanto tardaré en llegar, tendrá aparcamiento, como serán los compañeros de trabajo? ¿Tiene algún sentido agobiarme con eso? No. Entonces me despreocupo y trato de vivir el día de hoy de la mejor manera posible. Eso es felicidad.

Disfrutar de cada pequeño detalle. Nos pasamos la vida esperando «la gran felicidad» y vamos obviando las pequeñas cosas, los pequeños ingredientes de la vida que nos dan tanta felicidad. Les pongo otro ejemplo de mi vida personal -hoy me salen muchos ejemplos propios- Me propuse para estas vacaciones pintar la casa. He de confesar que nunca me había propuesto hacer un trabajo así seguido, porque en muchas ocasiones lo había intentando y no lo conseguía, me parecía una tarea imposible. En esta ocasión, mientras pinto me digo: este es un brochazo maravilloso. Este trozo va a quedar genial, voy a cuidar este pequeño detalle, porque está muy sucio y debo tratarlo antes. Cuidando cada pequeño detalle ya casi he terminado de hacer más de lo que pensaba. Seguramente el error en otras ocasiones era pensar que tenía que pintar tanto ¡¡¡buuuuf toda la casa!!!! Pero poco a poco, en cada brochazo, en cada pared, en cada detalle he ido terminando casi sin darme cuenta. ¡Eso es felicidad! No esperar que todo este pintado (la gran felicidad = la meta final) sino disfruto de cada trozo eso me da alegría y felicidad.

No se trata de buscar. Hay quien dice que la felicidad es como esa mariposa que queremos atrapar y que nunca conseguimos. Precisamente por eso, porque andamos buscando y buscando -generalmente en lugares equivocados- es por lo que no aparece. Cuando dejamos de buscar es cuando ella sola revolotea y se posa sobre nuestro hombro, cuando valoramos todo aquello que tenemos y que nos ha tocado vivir, es la felicidad.

Confundimos la felicidad… con placer, con momentos, pero no es así. La felicidad tiene sus buenos y sus malos instantes. No todo es fácil. Hay momentos los que no estamos demasiado bien y eso también es parte de la felicidad, porque la felicidad no es la sonrisa fingida ni fácil, la felicidad es la consecuencia de una vida más o menos coherente con lo que hacemos y sentimos. Sin fingir nada, siendo transparentes, sin aparentar, viendo, simplemente… La felicidad es consecuencia de toda nuestra vida ¿te atreves a ser feliz?

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