Me gusta todo

En una animada conversación entre amigos charlaban, a poco de conocerse sobre sus gustos. Fue curioso cuando intercambiaban ideas sobre deportes y a Marcos le gustaban casi todos los que nombraban. Veía fútbol, practicaba baloncesto, atletismo, senderismo, así que congeniaba muy bien con el grupo. Luego tocó el turno a la gastronomía y, fue más curioso aún, cuando también había degustado de casi todas las comidas y recomendaba lugares donde se elaboraban los platos con gran calidad. Hablaron también de cine y televisión y, otra vez, conocía muchas de las series y películas, dando una crítica interesante de las películas de las que se hablaban… hasta que alguien en tono jocoso dijo: Marcos, es que a ti te gusta todo.

Aceptar, probar, descubrir, una buena forma de ser felices

Me quedé con esa frase, no sólo porque se hizo un pequeño silencio incómodo, sino porque Marcos respondió con una enorme sonrisa afirmando: “es que hay que probar de todo en esta vida”. Es cierto generalmente polarizamos: si te gusta la música rock no te puede gustar la música clásica, si te gusta el pescado tienes que aborrecer la carne. Si eres de una determinada formación política tienes que seguir sus dictados. Así que, la idea de “me gusta todo”, me parece fascinante… porque:

Nos perdemos muchas cosas. Nos perdemos media vida de sabores y de experiencias por rechazar aquellas cosas que creemos no nos gustan ¿Cuántas veces no hemos dicho no voy a un determinado sitio y nos quedamos con las ganas cuando todos se han ido? Por tanto, salvo cuando se trate de una actividad que pone en riesgo nuestra vida —y aún así, debemos decidir si acudimos o no—, deberíamos aceptar las propuestas a disfrutar de cosas diferentes, aunque nos parezcan al principio algo descabelladas.

Probar, probar y probar. Hay a quien le ofrecen un plato de un determinado producto y, automáticamente lo rechazamos, porque consideramos que no nos va a gustar ¿Pero no sería más fácil probarlo y luego decidir? No me cabe en la cabeza quien dice, por ejemplo: “no me gusta el pescado” ¿y lo has probado? —No, pero no me gusta—. Pues no lo entiendo ¿Cómo puedes saber si algo te gusta o no sin ni si quiera probarlo? No tiene mucho sentido. Siempre me atrevo a probar todo aquello que me presentan. Luego ya decido si me gusta o no.

Todo es difícil. Es otra de los argumentos para no probar o hacer algo. Es que jugar a eso es muy difícil… es que tocar la guitarra es complicado, es que subir en bici es difícil… Obviamente todo es difícil si no lo practicamos. Es normal que nos parezca complicado aquello que otras personas dominan. Sin embargo, con algo de repetición y esfuerzo, conseguiremos mejorar nuestra técnica y seremos bastante competentes en cualquier labor. Todo, casi todo es cuestión de práctica, hábito y repetición.

El miedo que nos paraliza. El tan terrible y temido miedo. Salvo cuando se trate de una actividad de riesgo en el que el miedo nos avisa y nos pone alerta para protegernos, en la mayor parte de los casos, los miedos son, simplemente sinónimos de quedarnos quietos, en nuestro sofá del confort para no hacer nada: No voy a caminar porque tengo miedo de cansarme, no hago un sendero porque tengo miedo de torcerme un pie, no me subo en la bici porque me voy a caer. Y así nos encontramos con un montón de cosas que no hacemos por miedo.

Por tanto, me quedo con la actitud de Marcos: me gusta todo. Me gusta probarlo todo y luego ya decido si lo repito o no, si me gusta o no. Pero al principio no debiéramos negarnos para vivir una vida más maravillosa, plena y feliz ¿Te atreves?

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