Pensar los pensamientos

No podemos dejar la cabeza en blanco. Bueno, algunas personas si lo consiguen durante unos segundos de manera consciente y cuando dormimos que estamos en descanso aunque los procesos vitales siguen su curso. Generalmente en la mayor parte del tiempo nuestra mente trabaja en pensamientos buenos, malos o regulares, pero está todo el tiempo funcionando como una lavadora.

Darle vueltas a las cosas, pensar los pensamientos…

Me gusta ese símil de la lavadora, porque al fin y al cabo, de algún modo estamos lavando pensamientos. Algunos salen limpios, otros no quedan tan claros por más limpiador o detergente que le pongamos. La ropa clara va amarilleando y sin poder evitarlo. Pero la cuestión de reflexión de hoy es pensar los pensamientos ¿es normal comerse la cabeza tanto? ¿Es normal darle vueltas y más vueltas a los pensamientos como si fuese una lavadora?

Hay veces que pasamos mucho tiempo dándole vueltas a lo mismo, parece como un pensamiento recurrente y que no nos gusta demasiado. La misma matraquilla una y otra vez, parece que estamos en un bucle sin fin del que no podemos salir. Especialmente, tenemos esa sensación con pensamientos negativos. Incluso con recuerdos que nos vuelven cada cierto tiempo a nuestra cabeza y empezamos a darle vueltas y más vueltas: si hubiera hecho esto, si hubiera dicho aquello, si no me hubiera precipitado… y si no…

Es probable que queramos librarnos de pensar esos pensamientos. Nos gustaría dejar atrás algunas cosas que vienen a nuestra mente pero ¿Cómo hacerlo? La cuestión es bastante sencilla, aunque cada cual necesitará de sus habilidades para desarrollarla. Se trata de no prestarle atención. Si damos atención a una determinada cosa, con cierta frecuencia volverá a nuestra mente. Le estamos dando importancia, estamos poniendo el foco en ese momento, traemos a nuestra mente aquel recuerdo, aquella idea, aquello que ocurrió y no nos complace. No podemos evitarlo, porque todos nuestros recuerdos están almacenados en nuestra mente, pero la clave está en la importancia que le doy: ¿Pienso esos pensamientos? Empiezo a rumiarlos hoy, mañana y toda la semana.

Para librarnos de ese pensamiento que no quiero que vuelva tenemos que deshacernos de él. Ser conscientes de que lo tenemos. Decirle claramente que no me gusta y tratar de pensar en otra cosa. Imaginemos una discusión con Pedrito. Cada dos por tres me viene a la cabeza. De manera inconsciente le presto atención: si le hubiera dicho, si hubiera hecho, no tenía que… y lo rumio un buen rato, pero si me digo: Muy bien tuve esa discusión con Pedrito, pero no quiero pensarte más y focalizo mi mente en otra cosa, cojo un libro y me pongo a leer o algo más cercano: tomo el móvil y me distraigo un rato, ese pensamiento se irá diluyendo, y si vuelve a mi mente vuelvo a hacer lo mismo: No le presto atención. No pienso en ese pensamiento y me focalizo en otra cosa.

Esos pensamientos negativos vuelven y vuelven una y otra vez porque le prestamos atención, porque llaman nuestra atención y le damos importancia. Pero si lo sacamos de la lavadora y lo tiramos lejos, si dejamos de pensar en ello desaparecerán. Ahora nos toca poner en práctica esta propuesta: ¿le das demasiadas vueltas a tus pensamientos? Busca la manera de prestarle atención. Pon tu foco en otra cosa más agradable y estos desaparecerán.

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